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miércoles, 17 de marzo de 2010


El viernes pasado asistí a una reunión de antiguas alumnas, y desde aquí quiero mandar unas letras a todas mis compañera.





Siempre me habían parecido ridículas esas reuniones de antiguos alumnos, gente con la que ya hace años que no compartes nada y que pasaron por tu vida quedando escondidas en el recuerdo .Nunca hubiera pensado que quien tanto mal-hablaba de ellas, acabara rendida a sus encantos. Si, lo confieso, mi opinión cambió de chaqueta…
Y es que esta vida, no se si por cuestión de madurez,( las alumnas de esta promoción, ya tenemos unos añitos) o porque me estoy volviendo de lágrima facilota, no hace más que darme razones para sonreír ...
De  repente y sin saber cómo te ves sumergida en una espiral de recuerdos, y no puedes por menor que sentir cierto alo de nostalgia. Treinta años, se dice pronto, muchas de nosotras, la gran mayoría,  hacia treinta años que no nos veíamos, que no sabíamos nada de nuestras vidas, y de repente, parecía como si no hubiese pasado el tiempo. Las anécdotas se iban sucediendo como por arte de magia, y los  recuerdos dormidos en el subconsciente y tras su largo letargo fueron dando origen a las risas y la complicidad de haber compartido unos años, ahora lo sé, cruciales en nuestras vidas. Años que nos marcaron de una u otra forma y que por consiguiente forjaron parte importante de lo que ahora somos cada una de nosotras. Mujeres que vivieron de pleno la transformación social de un mundo que se abría paso ante sus ojos atónitos.
Poco queda de aquellas niñas que compartieron hasta su flamante adolescencia,  banderas , collejas, orejas de burro, filas ordenadas, uniformes y coletas, secretos, primeros novios, primeras decepciones, la primera noche fuera de casa, quizá el primer cigarrillo, la primera pella, el velo en misa, las flores a María…tantos y tantos recuerdos que ahora afloran y nos avisan de que esas niñas, esas adolescente de entonces aunque un poco escondidas siguen ahí La vida ha pasado por nosotras con sus cosas buenas y sus cosas malas, pero esta reunión de antiguas alumnas, nos ha regalado un pedacito de aquella juventud, juventud que siempre irá en nuestros corazones  y en nuestra memoria ahora refrescada y un suspiro se me escapa de lo más profundo del alma, entonando un guiño a la vida que me permite ser consciente de todo lo vivido. Desde aquí me doy el lujo de dar las gracias a todas y cada una de las que allí estuvieron y de las que por circunstancias de la vida no pudieron estar, a las MAESTRAS, y bien escribo con mayúsculas, pues sin ellas, quizá, no hubiésemos llegado a ser las mujeres que ahora somos.  Irremediablemente, todas  y cada una de nosotras estamos ligadas porque en mayor o menor medida, formamos parte de la historia de nuestras vidas.
 Ha sido un inmenso placer
“hasta pronto compañeras”.
                                                        
                                                        

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