Seguidores

lunes, 8 de febrero de 2010


         
                                            NO    FUE   UN    SUEÑO



   Hacía  sólo dos días que no la veía, pero la echaba mucho de menos, sobre todo porque deseaba contarle lo de mi nuevo trabajo en una gestoría, trabajo que por otra parte le debía a sus contactos. Las oposiciones aunque duras, me habían salido bastante bien, pero si no hubiera sido por la íntima amistad que unía a mi abuela con el padre del presidente de la compañía, quizá ahora yo no lo estaría celebrando. Aquello,  aunque me cueste reconocerlo, ayudó bastante.

     Eran las cuatro en punto de la tarde, hora en la que yo aprovechaba para tumbarme un ratito en el sofá mientras me tragaba el serial de la tele, que por cierto era incapaz de seguir al completo ya que a ratos el sueño interrumpía la expectación que pudiera causarme el mismo, cuando de repente mi abuela irrumpió como un ciclón en el salón;
-    ¡abuela, que alegría, precisamente estaba pensando en ti¡
-    Hola cariño, me alegro mucho por lo de tu trabajo, trata de ser lo mas honrada y honesta posible, tanto en él como en la vida.
-    Vaya abu, cómo te has enterado, si hace dos días que no nos vemos.
-    Tu abu lo sabe todo, ¿me harás caso verdad?
-    Claro, pero ¿a qué viene esto?, ¿acaso ya no confías en mí?
-    Te quiero preciosa, siempre te querré, ya sabes que eres mi favorita. Cuídate y recuerda que siempre, siempre estaré contigo.

     Mi abuela no era muy alta, pero tenía un porte muy distinguido. Yo me solía meter con ella diciéndole que parecía una señorona. Esa tarde estaba especialmente guapa, sonreía de una manera extraña pero dulce a la vez y sus ojos reflejaban un cariño inmenso hacia mí. De repente pensé en cuanto la quería y en las pocas veces que se lo había hecho saber.
     Llevaba cuidando de mi hermano y de mí desde que mis padres se separaron hace 15 años y nunca la había visto de mal humor, -ojala yo herede su temple.
     Hacía dos meses que me había emancipado, pero vivía muy cerca de ella, con lo cuál me seguía aprovechando de sus favores.

     Me levanté para abrazarla y darle un beso y de repente desapareció. Empecé a llamarla a gritos, pero no obtuve respuesta alguna. -Que extraño, me estará gastando alguna broma, eso es muy propio de ella. Pero ¿cómo le ha podido dar tiempo a salir tan rápido?…
Me volví a quedar dormida…

     El sonido estruendoso del teléfono me sacó de mi ensoñación, miré el reloj. Eran las cinco menos cuarto. Seguía sonando y me tapé la cabeza con el cojín intentando acallar la cantinela insistente del mismo, pero este parecía tener vida propia y no callaba. Al fin me levanté con cierta desgana y descolgué el auricular.

     Llovía insistentemente, me aferraba con una fuerza sobrehumana al volante del coche mientras mis lágrimas se confundían con las gotas que el parabrisas desplazaba a un lado y a otro del cristal en tanto rezaba todo cuanto sabía a pesar de no ser creyente.
     El Hospital parecía estar cada vez más lejos aunque se encontraba a sólo cuatro manzanas de mi casa.
     Cuando llegué, mi madre y mi hermano me estaban esperando en la puerta de urgencias, sus caras reflejaban un dolor inmenso, mientras yo, no me resignaba a aceptar lo que tras la llamada me habían anunciado.
   -Clara, ven corriendo al hospital. Acaban de atropellar a la abuela.


   Me abracé a ellos diciéndoles que no era posible, que había estado con migo hacía un rato y estaba mejor que nunca.
   -¿A qué hora has estado con ella?. Me preguntó mi hermano.
   -A las cuatro en punto, lo recuerdo porque justo entonces acababa de empezar la novela..-les explique entre sollozos.
   -Clara, eso no es posible.  La abuela ha sido atropellada justo a la cuatro menos diez, y según nos han dicho, el impacto fue mortal. Debiste soñarlo.

   Miré al cielo dejando que la lluvia limpiara mi cara, no entendía nada, parecía tan real el encuentro con mi abuela.
   De repente pensé en las palabras exactas que me dijo: -Recuerda que siempre, siempre estaré contigo.
   Ahora estaba segura, aquello no fue un sueño.




                                                       

1 comentario:

Adriana Alba dijo...

He escuchado muchos relatos de éste tipo Lola, y por supuesto que creo totalmente que podemos recibir "avisos" o "mensajes" tanto en sueños como en vigilia.
Tu abuela se despidió de tí.
Que los Ángeles la lleven hacia la luz de Dios

Abrazosss!!!