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miércoles, 20 de julio de 2016

La quietud del silencio permanece en presente continuo

(imagen cogida de Internet)


En un momento de nostalgia repaso las páginas impresas con cientos de palabras, pensamientos, vivencias, sueños…
Y observo que poco ha cambiado. La inquietud, el deseo, los rincones del alma siguen estando latentes en cada recodo, en cada expresión y en cada silencio esperando ser atendidos, esperando pacientes en un letargo constante e insatisfecho donde el sueño y la realidad se confunden a veces, para otras muchas despertar rabiosos y con ganas de gritar aquello que se lee entre líneas.
Es curioso observarse desde fuera, es altamente esclarecedor y sanador al mismo tiempo observar como la vida te lleva, te zarandea, te da, te quita mientras tú estás ahí participando como un simple actor de comedia con su papel bien aprendido y cómo a veces, sólo a veces te permites saltarte el guión para salir de este escenario e interpretar tu propio papel.
Es curioso cómo creemos estar haciendo la obra de nuestra vida y luego cuando observas la escena sentado cómodamente en butaca preferente te das cuenta de que tú no eres ese personaje “famoso” y al detener un segundo la respiración, comprendes que eres el observador que crea.
Y es entonces en ese instante de lucidez que encuentras el momento perfecto, la palabra perfecta, pero cuando intentas plasmarla en el papel ya se ha convertido en pasado. Intentas recrear la escena pero ya nada es lo mismo…
Y te aferras a un presente continuo porque no quieres perderte nada y te observas nuevamente con infinita compasión y entiendes que en realidad,  todo, absolutamente todo, estuvo, está y estará en ti.

                                                                         

3 comentarios:

ana dijo...

Al leerte me veo reflejada en tus palabras. Así es. Un abrazo

CRISTINA dijo...

Hola Lola, estoy de acuerdo con Ana. Lo importante es que lo miremos como un observador, en ese espacio en donde la historia de nuestra vida se interpreta a sí misma.
Un abrazo de luz.



Ernesto. dijo...

Como bies sabes, Lola, y expresas, hay palabras y palabras, y también la palabra perfecta. Como perfecto es ese todo siempre presente, sentido, vivido… por ese simple actor de comedia cuando es consciente de, siendo todo, no ser el personaje “famoso”.

Hay palabras y palabras, y éstas tuyas están asentadas, son, en esa quietud de silencio continuo.

Un gran abrazo, amiga. Y bienvenida a la comedia, tan real y necesaria mientras sucede.